Todos los vemos, pero a veces ni reparamos en ellos. Los tenemos en cualquier vivienda, pero hasta que no nos dan un problema tampoco nos damos cuenta de que están. Los canalones son los encargados de que el agua de lluvia no afecte a nuestra casa, pero… ¿Quién los inventó? ¿Cuándo fue? ¿Cuál es el origen de los canalones?
Hoy en Canalair vamos a hacer un repaso de la historia y ver el origen de los canalones. Déjanos decirte que, aunque pocos lo saben, la instalación de canalones es quizás una de las soluciones arquitectónicas más antiguas de la humanidad.
Surgió para dar solución a una necesidad importante: hacer una correcta evacuación del agua de lluvia.
Humanidad y agua: las primeras canalizaciones
Para hablar de los comienzos de los canalones tenemos que remontarnos casi hasta los orígenes de la civilización. La historia del ser humano está marcada por su relación con el agua.
Desde sus inicios, la humanidad ha necesitado controlar, dirigir y almacenar este recurso, fundamental para la vida.
Por eso, a la hora de establecer cuál es el origen de los canalones, deberíamos remontarnos a más de 4.000 años atrás.
Las primeras evidencias de conductos para evacuar agua se localizan entre el 3000 a.C. y el 1500 a.C. en la cultura Harappa, en el actual Pakistán.
Esta civilización fue pionera en diseñar sistemas urbanos de drenaje que incluían canales de evacuación conectados a inodoros primitivos.
Aunque aquellos primeros sistemas eran más rudimentarios que los actuales, ya revelaban la inteligencia hidráulica que caracterizó a culturas avanzadas.
El legado del Imperio romano en la canalización del agua
Si hay una civilización que impulsó de forma decisiva el uso de canalones y sistemas de drenaje estructurado, esa fue sin duda el Imperio romano.
Seguramente a todos nos viene ahora a la cabeza el conocido acueducto de Segovia, cuya misión era precisamente canalizar y transportar el agua.
Durante el siglo I a.C., los romanos comenzaron a instalar canales en sus calzadas. El objetivo con ello era evitar encharcamientos y problemas en las viviendas.
Más tarde, con la expansión del Imperio hacia el norte, especialmente a Gran Bretaña, los romanos introdujeron también este sistema en edificaciones.
Es lógico que, según fueron conquistando territorios en zonas con mayor abundancia de lluvia, surgía una mayor necesidad de controlar el agua.
Es aquí donde los canalones empezaron a cumplir la función que hoy reconocemos: recoger el agua del tejado y alejarla de la construcción.
Los romanos utilizaban materiales como el plomo, más maleable que la piedra, lo que les permitía diseñar conductos más eficientes.
En muchas de sus villas se han encontrado restos de bajantes verticales que cumplían exactamente el mismo propósito que nuestros actuales sistemas pluviales.
Edad Media: las gárgolas y los primeros canalones decorativos
Aunque los sistemas romanos marcaron un antes y un después, fue en la Edad Media cuando el diseño empezó a combinarse con la función.
En esta época, las grandes construcciones religiosas comenzaron a incorporar gárgolas.
Aunque ahora solemos verlas en los edificios históricos como piezas artísticas y decorativas, lo cierto es que estas figuras de piedra actuaban como prolongación de los tejados y evacuaban el agua de lluvia lejos de los muros.
Estas esculturas adoptaban formas de animales mitológicos, demonios o seres fantásticos. Su función práctica era la de proteger las fachadas de la erosión provocada por el agua.
Es la primera vez que el sistema de canalones incorpora un elemento estético y funcional a la vez.
De hecho, también se convirtió en una muestra del poder económico de su propietario. Cuanto más dinero tenías, más podías gastar en gárgolas estéticamente más bonitas y también más largas para poder alejar el agua lo máximo posible de la vivienda.
Durante el siglo XIII, en edificios como la Torre de Londres, se documenta la incorporación de bajantes verticales fabricadas en metal, una clara evolución hacia los sistemas modernos de recogida de aguas pluviales.
Revolución industrial: la estandarización de los canalones
A partir del siglo XVIII, con el desarrollo de nuevas técnicas de fundición y la disponibilidad de metales como el hierro, el diseño de los canalones se volvió más sistemático.
Aquí comenzaron a desarrollarse los canalones modernos, parecidos a los que podemos ver hoy en día.
En este periodo se generaliza el uso de canalones de hierro colado, más resistentes que los de madera o plomo. Además, eran más adecuados para edificios más altos y complejos.
Durante el siglo XIX, con el crecimiento de las ciudades y la necesidad de sistemas de evacuación más eficaces, comienza a generalizarse más el uso del canalón.
Además de instalarse en viviendas unifamiliares, también se colocan en bloques de pisos o en edificios industriales.
A partir de entonces, ya no eran exclusivos de edificios nobles o religiosos: pasaron a ser una parte esencial de cualquier edificación urbana, incluso de las más humildes.
Hoy día disponemos de distintas formas de canalón, distintos materiales y adecuados para cualquier tipo de climas. Pero, al final, el origen de todos ellos es el mismo, y la clave para que funcionen correctamente es la misma que en los orígenes: que estén correctamente colocados.

